miércoles, 10 de marzo de 2010

Prefacio de Luis Cernuda a DONDE HABITE EL OLVIDO

Como los erizos, ya sabéis, los hombres un día sintieron su frío. Y quisieron compartirlo. Entonces inventaron el amor. El resultado fue, ya sabéis, como en los erizos.

¿Qué queda de las alegrías y penas del amor cuando éste desaparece? Nada, o peor que nada; queda el recuerdo de un olvido. Y menos mal cuando no lo punza la sombra de aquellas espinas; de aquellas espinas, ya sabéis.

Las siguientes páginas son el recuerdo de un olvido.

2 comentarios:

Consultores dijo...

Ya sabéis, como los erizos, alejarse o continuar pinchándose....Difícil decisión siempre.
Un saludo

Luis Soto Allende dijo...

La espina clavada dejó dormido el nervio que despierta con un dolor cada vez q recordamos su partida; y esto duele.